Un paseo por el parque o la cultura de lo desechable

Me invitaron a asistir a un evento en el Parque Coll de La Serena, un sitio muy agradable adonde los visitantes pueden ingresar en forma gratuita, se trata de un área extensa que cuenta con espacios para que las familias puedan hacer asados, laderas con árboles bastante extensas por donde caminar resulta muy agradable debido a la presencia de aves y por supuesto la paz y tranquilidad que se respira en un ambiente aislado del ruido de la urbe, un privilegio para quienes viven en sus cercanías y un buen panorama para quienes lo visitan.

No pude dejar de ir a disfrutar del encanto de un paseo por el cerro repleto de vida donde ciertamente se puede sentir cuan necesario es estar en contacto con la Madre Naturaleza, sin embargo, a cada paso mirando encontré.

Desde envoltorios de confites hasta neumáticos, pasando por una multitud de plásticos en todas las formas que se pueda uno imaginar, muchos de ellos acumulados en un canal por donde aún corre agua, la situación se hace más grave cerca de las áreas donde se pueden hacer asados, bandejas de carne, envases de longaniza y vienesas por todas partes. También ropa, colchones, un carro de supermercado dispuestos de modo que es probable que personas en situación de calle pernocten en el parque, de hecho, en el sector de ingreso/salida al parque incluso es posible apreciar un refugio en pleno basural.

Si bien el parque no cuenta en las áreas más retiradas con basureros ni letreros de advertencia y se ve que no hay una dedicación en su conservación, es imposible atribuir esto sólo a una mala administración, somos las personas comunes, los ciudadanos que día a día aceptamos sin cuestionar que las cosas son desechables, a pesar que es evidente que todo lo desechable en verdad no se desecha, no nos abandona ni desaparece, simplemente migra para nuestra sumisa conveniencia hacia donde no lo vemos, tal cual se ve en las caricaturas hemos pasado siglos barriendo bajo la alfombra, en nuestro país la basura se mezcla y se entierra en capas o bien en rellenos que son sólo piscinas de concreto repletas de todo aquello que botamos sin contemplación ni remordimiento, como si al dejar de verlo dejara de existir y sin considerar por un mínimo momento cual es la consecuencia de arrojar toda nuestra basura sin pensar.

 

Tal vez lo peor es darse cuenta de que no sólo se ha descuidado el parque por parte de las autoridades y de sus visitantes, sino que hay personas que viven entre esa basura, personas que no vemos, personas a las que en nuestra falta de empatía hemos convertido en seres desechables.

Aneck

La Serena

Agosto 17 de 2019

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